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Moisés Russo, Alumno del Magíster en Economía Aplicada a Políticas

viernes, 6 agosto, 2010 | Estudiantes, Noticias

Pocos hijos… ¿Será un problema?

Jul. 29 , 2010

“El desarrollo es el mejor anticonceptivo”

 

Karan Singh

La tasa de fecundidad en Chile en este momento es baja. Esto lo saben tanto expertos como aquellos que repiten lo que le escucharon a expertos (de estos somos varios….), aún sin comprender bien lo que significa. En una reciente columna en El Mercurio, Jimena Valenzuela, quien trabaja en el Sernam, la confunde por ejemplo con la tasa de natalidad. A pesar de estar relacionadas, estas no son lo mismo, y es importante que cuando se aborden problemas de tamaña complejidad los conceptos sean claros. Por lo general, el problema de la baja tasa de fecundidad se relaciona a que cuando las mujeres en edad fértil (15 a 45 años) tienen menos de 2.1 hijos en promedio durante sus vidas, no es suficiente para reponer a la población de un país. Esto sin embargo en contextos de paises relativamente desarrollados, donde uno puede esperar que los nacimientos sean 50% hombres y 50% mujeres, y que las mujeres probablemente vivirán hasta los 30 años aproximadamente como mínimo (lo que significa que hay muchos paises en el mundo en que la tasa de fecundidad de reemplazo es mayor que 2.1). Este tema es técnicamente más difícil de lo que aparenta, y por lo tanto sorprende ver tan seguido en los medios de comunicación a personas hablando tan libremente de sus causas, posibles efectos dañinos para el país y ….¡¡soluciones!!, considerando que con una revisión de la literatura relacionada a demografía es difícil encontrar opiniones tan taxativas al respecto de este tema.

Lo preocupante de la columna de Jimena Valenzuela no es que abordara este tema de forma tan poco preparada, sino que, como es tan común en Chile, lo que daba pie para una profunda discusión sobre un asunto complejo se tranformó en un espacio para sacar a relucir un análisis débil, en donde los problemas son achacados al “materialismo, individualismo y egoismo” (supongo que social, aunque presumiblemente podría referirse a las mujeres que deciden no tener más hijos), y por supuesto a la inestabilidad familiar que se ve en el debilitamiento del matrimonio, eterno caballito de batalla para explicar cualquier fenómeno social aparentemente nocivo.

Casi al mismo tiempo, vimos esta semana comentarios desafortunados por parte de Ximena Ossandón, de la JUNJI, que si bien pueden haber sido interpretados de forma maliciosa por muchos de nosotros, permiten vislumbrar las ideas de nuestras autoridades con respecto a las mujeres, la familia y los niños. Vale la pena leer por ejemplo la entrevista a Ossandón que tiene The Clinic. Queda más que claro por lo menos que la perspectiva de género ha sido erradicada, sino por intención, al menos por ignorancia, del gobierno:

Periodista: Pero me imagino que al menos existe una política de género dentro de la institución.
Ossandón: Existe un promedio de género. Ahora tenemos niñas y niños, esta es la institución con más género. No se discrimina ni por hombre ni mujer.

Periodista: Me refiero a una política de género…
Ossandón: Sí, hay un PMI que te lo exige el gobierno y siempre ha sido muy bueno.

Periodista: ¿Que es el PMI?
Ossandón: Es el género, que tiene relación con la cantidad de gente que trabaja, con la unidades educativas, la cantidad de niños y con el vocabulario con que tú escribes. Que se usen las palabras correctas. Alumno y alumna. Son cosas bien divertidas pero así son, porque es una cosa que se hace a nivel de Estado.

Periodista: Me refiero a una política de género respecto a las madres…
Ossandón: Es que la madre es madre, perdona, me confundo…

Este tipo de comentarios, en que la perspectiva de género se reduce a números iguales de hombres y mujeres, y donde es posible tener “más género”, le permite a uno pensar que las soluciones que se propongan a este tipo de problemas tendrán un importante sesgo ideológico, lo cual es importante para muchos de nosotros que no nos sentimos identificados con algunas ideas como las expresadas por estas autoridades. Especialmente interesante me pareció al respecto una opinión de Mónica Peña en su blog.

Siempre que uno escucha que las autoridades identifican un problema que atañe a la vida privada de las personas, vale la pena preocuparse de si se pondrán a implementar soluciones antes de realmente saber si conocen las causas del problema. Esto se hace especialmente importante cuando cualquier tipo de iniciativas potencialmente puede interferir con lo que parece ser el resultado de decisiones autónomas de las mujeres y sus parejas en Chile. ¿Será un problema la baja tasa de fecundidad en Chile? Si la respuesta es si, ¿sabemos como enfrentar este problema?.

Revisemos algunos aspectos problemáticos. Primero, a pesar de que es sabido que la tasa de fecundidad disminuye con el ingreso de un país, es difícil establecer de forma exacta la relación entre ambos. Algunos datos indican que la tendencia a la baja en la tasa de fecundidad se revierte cuando el Indice de Desarrollo Humano de un país aumenta por sobre un cierto umbral (Myrskyla, 2009). Esto solamente ha sido posible verlo durante los últimos años, en que algunos países han alcanzado tales niveles de educación, ingreso y salud, que sus habitantes finalmente han comenzado nuevamente ha considerar tener más hijos. Los números, a pesar de parecer exactos, no son tan fáciles de determinar, ya que algunos cambios sociales, no necesariamente negativos, pueden influir temporalmente en este fenómeno. Por ejemplo, las tasas de fecundidad se pueden ver afectadas en forma transitoria porque las mujeres decidan posponer el tener hijos, sin necesariamente tener menos hijos. Puede ser posible ver reversiones en las tendencias de las tasas de fecundidad a medida que estas cohortes de mujeres comienzan a tener hijos (Goldstein, 2009). Las dificultades en las mediciones pueden ser importantes, si consideramos que estamos tal vez viendo traslapes de generaciones de mujeres con expectativas distintas con respecto a su posible maternidad (Frejka, 2010).

A pesar de que a veces a las autoridades les puede parecer que hablar del bien común siempre tiene adherentes, en algunos casos el bien común puede estar mejor representado por las decisiones que hacen los ciudadanos por si mismos con respecto a sus vidas personales. Si consideramos por ejemplo que en Chile los hogares más jóvenes son más vulnerables a caer en condición de pobreza, y que los hogares con más niños tienen menos probabilidades de salir de la pobreza (Contreras, 2004), el legítimo deseo de las mujeres por tener menos hijos parece racional.

Cuando nuestras autoridades planean interferir con dinámicas sociales que los ciudadanos están eligiendo, es necesario que sea con una contundente argumentación que permita una deliberación en donde participen los afectados. A pesar de que “materialismo, individualismo y egoísmo” son buenas frases para empujar políticas públicas, parece falso que alguna de estas palabras sea aplicable a las mujeres chilenas.

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