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El rol de los commodities en tiempos de aumento de precios

viernes, 12 abril, 2013 | Artículos, Observatorio Económico

OE-ABRIEL2013
Por Carlos García, Ph.D. en Economía, University of California at Los Angeles, Estados Unidos. Profesor Facultad de Economía y Negocios.

Artículo publicado en Revista Observatorio Económico Nº 70, marzo de 2013

¿Cuánto gasta usted en el supermercado y en llenar el estanque de su automóvil? ¿Ha comparado esos gastos con lo que cuesta comprar un televisor plano o unas zapatillas deportivas de marca? En efecto, uno puede gastar el equivalente de varios televisores o pares de zapatillas al año para poder alimentarse o llenar su estanque de bencina, en especial si el dólar sigue cayendo. Así, en promedio, la inflación no sube, pero hay ciertos gastos que están produciendo un fuerte impacto negativo y desequilibrios importantes en el presupuesto de las familias.

En primer lugar, expliquemos por qué ha sucedido esto. Por una parte, las economías emergentes como China e India siguen consumiendo recursos a tasas muy elevadas, con lo cual el precio de las materias primas se está incrementado permanentemente. Por otro lado, la política monetaria expansiva de la FED ha debilitado el dólar, en conjunto con los flujos de capitales hacia las economías emergentes en busca de mejores retornos. En fin: abundancia de dólares significa, sin duda, un precio del dólar más bajo.

Durante el período 2003-2008 se produjo una tendencia creciente en la evolución de los precios de los diferentes commodities (alimentos, petróleo, etc.), de la que se observó solo una contracción puntual durante la crisis internacional de 2008, que llegó a un nivel mínimo en 2009. Sin embargo, a pesar de la contracción observada ese año, los precios registrados resultaron elevados al compararlos con datos históricos. Posteriormente, a partir del cuarto trimestre de 2010, se vio una clara y marcada tendencia al aumento en los precios de algunos commodities, entre los que resaltan los alimentos y la energía.

En segundo lugar, este incremento progresivo de los precios de los commodities a lo largo de los años justifica el interés de evaluar diferentes políticas económicas, en especial si se considera que la tendencia al alza sería un fenómeno más permanente que transitorio. Hasta ahora el debate económico se ha concentrado en analizar los efectos y, por tanto, las soluciones de este boom de commodities en forma separada, dependiendo del tipo de commodity. Es decir, se han buscado soluciones por partes, con prescindencia de una visión más global.

Es así como la recomendación de los bancos centrales se ha limitado a subir la tasa de interés si la inflación de commodities tiene efectos de “segunda vuelta”, es decir, si la inflación se traspasa al precio de otros bienes. También mucho del debate para enfrentar los efectos sociales de la inflación de commodities se ha basado en la propuesta de subsidios al precio de los alimentos y la energía. En cambio, en lo que se refiere al caso del boom del precio de las exportaciones de recursos naturales, la receta de los expertos es un fuerte ahorro fiscal.

Al respecto, en un estudio de la Universidad Alberto Hurtado elaborado por García y Mejía1 se sostiene que los aumentos de los precios de los productos básicos no solo afecta negativamente al país sino que también estos precios provocan efectos benéficos que permiten desarrollar una adecuada lucha contra la inflación, sin que se vean desfavorecidos los grupos más vulnerables de nuestra sociedad. Los autores señalan, por ejemplo, que la mejor estrategia para conseguir la estabilización de la economía chilena consiste en poner en práctica una política monetaria no agresiva que permita enfrentar el aumento del precio de los alimentos y la energía, en conjunto con una política fiscal que, aprovechando el boom en el precio del cobre, otorgue transferencias directas a los agentes más desfavorecidos. Esta política es preferible a subsidios al precio de los alimentos y los combustibles que favorecen a todos por igual, es decir, no solo a los sectores más afectados sino también a los estratos más ricos de nuestra sociedad.

García y Mejía consideran en su estudio el caso general de un país que puede ser importador de alimentos y, a la vez, comportarse como exportador de minerales y petróleo, lo que facilita, entre otros aspectos, financiar las transferencias fiscales a los sectores más desposeídos, que se encuentran afectados fuertemente por el aumento del precio de los alimentos. Dicho de otro modo, es posible obtener ventaja del boom de precios de commodities en el entendimiento de que un país no solo precios “malos”, o que aumentan los costos productivos de las empresas o reducen el presupuesto de los consumido¬res más pobres, sino que también afronta “buenos”, que le ayudan a una mayor recaudación fiscal.

En su estudio, los economistas demuestran que el bienestar de un país con las características de nuestra economía puede aumentar sustancialmente, sin la necesidad de fuertes aumentos de la tasa de interés y en conjunto con una política fiscal que, si bien cauta, traspase parte de los recursos desde el sector exportador a las familias más pobres de la sociedad. En este sentido, el estudio de García y Mejía desmitifica también el exceso de importancia que se le ha dado al ahorro fiscal en la discusión en los últimos años, considerándola excesiva Si bien es necesario mantener la sostenibilidad fiscal en el tiempo, un sesgo hacia el ahorro fiscal paradójicamente termina disminuyendo el bienestar de un país.

En resumen, si bien la inflación promedio puede estar controlada por los efectos cambiarios que reducen los productos de bienes importados, esto no significa que las familias, en especial las más necesitadas, no estén sufriendo fuertemente por el alza de productos esenciales. Este malestar se puede evitar con una apropiada estabilización de los precios de los commodities, a través de transferencias directas a los más necesitados.

1Optimal macroeconomic stabilization policy of
food, metal, and energy price cycles in small open
economies, Carlos García & Jesisbé Mejía, Octubre
2012.

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