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La migración y el vacío de la política pública

octubre, 2017 | Tema: Artículos, Noticias, Observatorio Económico, Publicaciones

Por Marcela Perticara. Académica FEN UAH.

 Publicado en revista Observatorio Económico Nº 119, 2017.

El viernes 22 de septiembre, una noticia en prensa da cuenta de dos trabajadores que fueron desalojados de una plaza pública en el Mall Vivo Los Trapenses, por ser de raza negra y por, según versiones de los guardias de seguridad, estar pidiendo trabajo. Esa misma semana, el candidato a senador por Tarapacá, Fulvio Rossi propone expulsar a todos los migrantes delincuentes. A fines de agosto, el Gobierno envió un proyecto de ley, con énfasis en el control migratorio, que hasta incluso, propone la opción de restringir la migración desde ciertos países. Y este mismo viernes, anuncia la creación de un nuevo permiso de residencia temporario para migrantes que estén en una situación irregular por el vencimiento de sus papeles, con seis meses para capacitarse y encontrar trabajo. Entre las manifestaciones de xenofismo y racismo de algunos sectores de la sociedad, y las idas y venidas del Gobierno, pareciera que estamos a principios de siglo. No estamos entendiendo que las migraciones son un fenómeno mundial, que ante los desbalances en los niveles de desarrollo de los distintos países y regiones, han venido para quedarse.

Chile, hace casi 15 años (de acuerdo a la última estadística censal disponible), era un país con una muy baja tasa neta de inmigración (en torno al 0.9%). Hoy, parece haberse convertido en el país de destino preferido para miles de inmigrantes provenientes de países latinoamericanos. Una tendencia que, aún ya habiendo tenido un peak en el decenio 1992-2002, se ha consolidado y acentuado más fuertemente en los últimos cinco años. Así y todo, según estimaciones del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior (DEM) para el año 2014 el número de extranjeros en Chile era de aproximadamente 450 mil personas, lo que ubicaría la tasa neta de inmigración en torno al 2.3% (1) , muy por debajo de los niveles de migración presentes en otras economías. Las estadísticas de solicitudes de permisos de trabajo y de solicitudes de residencia definitiva efectivamente muestran un aumento sostenido en los últimos cinco años, que inclusive parece haberse acentuado en los últimos dos o tres años (2). Entonces, a pesar de que el número de migrantes en relación a la población total sigue estando en niveles muy bajos, una posible explicación para estas actitudes xenofóbicas pudiera ser la composición de la migración, que ahora hace más evidente la presencia de población migrante en nuestras calles. Ciertamente, ante los altos flujos de los últimos dos o tres años, la asimilación de esta nueva población pudiera haber sido más lenta. La alta participación laboral de los migrantes (75%) y su alta concentración en algunas regiones y comunas, también los hace también más visibles en el mercado laboral.

Las cifras del último censo disponible (2002) indicaban que los principales grupos de inmigrantes eran argentinos (26%), peruanos (22%), bolivianos (6%) y ecuatorianos (5%). Según el informe ya citado de la DAEM (2016) en el año 2014 el grupo más numeroso es el peruano (31.7%), seguido luego de los argentinos (16.3%), bolivianos (8%) y colombianos (6.1%). Las estadísticas de solicitudes de permisos de trabajo y residencia definitiva pueden tomarse como indicativas sobre la composición por país de origen y otras características actuales de los flujos migratorios hacia Chile. El gráfico 1 muestra el aumento en la cantidad de visas de trabajo concedidas para nueve países, que concentran aproximadamente el 90% del total de dichos permisos. Países como Argentina, Ecuador, España y China presentan aumentos relativamente moderados en la última década, mientras que las visas de trabajo otorgadas a ciudadanos bolivianos, colombianos, haitianos, peruanos y venezolanos aumentan fuertemente. Una tendencia similar se encuentra al analizar el otorgamiento de residencias definitivas. Hay diferencias importantes entre países sobre edad y tipo de educación del migrante. Mientras países como Argentina y España, las nuevas solicitudes de visas de trabajo son hechas por personas adultas (30-55 años), para el resto de los países, la participación de jóvenes (hasta 29 años) es más importante. No ha habido cambios importantes en la infantilización de la migración, aunque entre los migrantes bolivianos, ecuatorianos, peruanos y venezolanos, hay una mayor fracción de niños y jóvenes dependientes (3).

Hay también mucha heterogeneidad en el nivel educativo promedio de los migrantes según nacionalidad. Los migrantes provenientes de Venezuela y España son mayoritariamente con altos estudios (50-60% de las visas de trabajo otorgadas y los permisos de residencia se han entregado a profesionales). Por el contrario, en Bolivia y Perú, solo el 10% de los migrantes tienen estudios superiores, mientras que desde Haití esta fracción apenas supera el 5%. El nivel educativo de los migrantes provenientes de Colombia, ha cambiado drásticamente en los últimos cinco años: entre los nuevos migrantes, apenas el 15% tiene estudios superiores, cuando esta cifra era casi el doble cinco años atrás.

Lafortune y Tessada (2016)4, en base a una encuesta a migrantes en la Región Metropolitana, señalan que pocos de ellos logran revalidar sus títulos y pocos trabajan en Chile en la misma actividad que trabajaban en sus países de origen. Con todo, una alta fracción de los migrantes (50% aproximadamente) declara que quiere quedarse en Chile. El 75% está trabajando, mientras que el 53% lo hace de manera estable en relación de dependencia y el 56% lo hace con contrato. El 60% de los migrantes declara que su situación laboral es mejor acá en Chile que en su país de origen, y entre los migrantes con 4 o más años de estadía, el 80% dice que su trabajo actual es mejor que el que tuvo inicialmente al llegar al país. Los migrantes se concentran en los sectores de servicios (24.2%), restaurantes (17.1%), servicio doméstico (13.5%), construcción (13.1%) y comercio (11.5%), lo que les da una alta visibilidad (5). Obviamente esta realidad de los migrantes en la Región Metropolitana puede distar mucho de la situación de migrantes en el Norte (Región de Arica), donde según datos de Vicuña y Rojas (2015) aproximadamente el 14% han ingresado clandestinamente, un 7% tiene su visa vencida, mientras que el 30% están con visa de turismo (6), con lo que la asimilación y posibilidades de empleo de la población migrante en esta región seguramente es distinta.

En la actualidad Chile tiene una tasa mucho más alta de población migrante de la que tenía hace quince o veinte años atrás. Los datos del nuevo Censo finalmente nos permitirán entender cómo esta población está compuesta, cómo se ha distribuido geográfica y económicamente, y cuál es la composición familiar y necesidades que enfrentan. Pero esta población llegó para quedarse; más aún, frente a la fragilidad en algunas de las economías de la región, uno debiera esperar que algunos de estos flujos se mantengan. Una política meramente restrictiva, sólo va a generar más flujos irregulares, que es justamente lo que no queremos. Como sociedad tenemos que reconocer que Chile, como la mayoría de los países modernos, se forjó a partir de la diversidad que generó la política de fronteras abiertas. Tenemos que aprender de las experiencias de otros países que han experimentado fenómenos migratorios similares. Y la primera lección debiera ser, que los parches sencillamente no funcionan.

(1) DAEM (2106). “Migración en Chile 2005-2014. Documento fue elaborado por la Sección Estudios del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Disponible en www.extranjeria.gob.cl.
(2) Las cifras más recientes de extranjería pueden inclusive subestimar el fenómeno, por cuando no incluyen a personas que, entrando con visas de turismo, permanecen de manera irregular en el país luego de caducado su permiso de estadía.
(3) Una tendencia similar se encuentra al evaluar el otorgamiento de permisos de residencia definitiva.
(4) Lafortune, J. y J. Tessada (2016). “Migrantes Latinoamericanos en Chile. Un panorama de su integración económica, social y financiera.” Banco Interamericano de Desarrollo, 40 p.
(5) Esto sumado a una alta fracción de personas con fenotipos claramente distintos a los locales (colombianos y haitianos, por ejemplo), lleva a percibir aún más a esta nueva población residente en la región.
(6) Vicuña y Rojas (Eds.) Migración en Arica y Parinacota. Panoramas y tendencias de una región fronteriza. Santiago: Servicio Jesuita a Migrantes. 2015.

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