Estudiantes de la carrera de Gestión de Información, Bibliotecología y Archivística (GIBA) de la Facultad de Economía y Negocios participaron en una experiencia formativa en Londres 38, en el marco del curso Valoración Documental, dictado por el docente Roberto Campos. La actividad se desarrolló como un taller práctico centrado en la Operación Colombo, combinando investigación bibliográfica, análisis documental y reflexión ética sobre archivos de memoria.
“El taller permitió que los estudiantes desarrollaran un ejercicio real de valoración documental, proponiendo incluso modificaciones en la descripción de documentos del archivo digital de Londres 38, lo que favoreció una comprensión crítica y ética de estos fondos”, explica Campos. La iniciativa surgió a partir de un vínculo previo con el equipo del archivo digital del sitio de memoria y se articuló con la conmemoración de los 50 años de la Operación Colombo.
Aprendizajes prácticos y rol social del archivero
El curso, impartido a estudiantes de quinto semestre, buscó acercar una disciplina altamente teórica a un contexto práctico y socialmente significativo. Los y las estudiantes investigaron el caso, participaron en un taller de memoria organizado por Londres 38 y trabajaron en grupos en la valoración de conjuntos documentales asociados a la dictadura, las conmemoraciones y la prensa de distintas décadas.
“Trabajar con documentos reales, insertos en un archivo real y vinculados a un proceso histórico relevante, ayuda profundamente a que los alumnos/as comprendan la importancia de la valoración documental en los procesos históricos”, señala el docente. A su juicio, esta experiencia fortalece competencias clave como el llamado rol social del archivero, que implica “realizar el trabajo no solo desde una perspectiva técnica, sino considerando la función social de los archivos, especialmente cuando se trata de derechos humanos y memoria”.
Formación ética y compromiso con la memoria
Desde la mirada docente, la experiencia fue altamente significativa, ya que permitió a los estudiantes “dar
sentido” a los contenidos teóricos del curso. Campos destaca que una de las principales reflexiones surgió durante el taller de memoria, cuando los alumnos/as tuvieron contacto directo con cartas, notas y objetos personales. “Se generó un momento de mucha sensibilización y conexión emocional, que enriqueció el análisis documental desde la empatía con las víctimas y sus familiares”, comenta.
Este tipo de iniciativas, concluye, refleja el sello formativo de la carrera de GIBA, orientado a una gestión documental con responsabilidad social. “No basta con gestionar la información como un recurso estratégico; los futuros profesionales deben ser conscientes de que los documentos también resguardan la memoria colectiva y que existen dinámicas de poder interesadas en controlar las narrativas históricas”, afirma. En esa línea, el docente proyecta continuar y profundizar esta colaboración con Londres 38 en futuras versiones del curso.