El profesor de la Facultad de Economía y Negocios (FEN), Carlos J. García, analiza las consecuencias del aumento histórico en los precios de la bencina y el diésel, sus efectos en la inflación y los riesgos para la economía chilena.
Un alza histórica con efecto inmediato
A partir del jueves 26 de marzo, el precio de la bencina sube $370 por litro y el del diésel $580, lo que equivale a aumentos de 30% y 61%, respectivamente. “Se trata de alzas históricas que buscan aliviar las cuentas fiscales, pero que tienen un impacto directo en el costo de vida”, explica el académico.
En el caso de la gasolina, el efecto es inmediato en la inflación. “La bencina es el cuarto componente más importante de la canasta del IPC, con un peso de 3,4%. Solo este aumento podría agregar cerca de un punto porcentual a la inflación mensual, lo que es muy significativo considerando que la inflación acumulada hasta febrero era de apenas 0,4%”, señala.
El efecto silencioso del diésel
Más allá del impacto directo de la bencina, el diésel genera un efecto indirecto que se expande por toda la economía. “Aunque los hogares no compran diésel directamente, este combustible mueve prácticamente toda la cadena de distribución”, advierte García.
El aumento de 61% en el diésel se traspasa a múltiples precios: “Ese mayor costo termina reflejándose en el pan, las verduras, el transporte y una gran cantidad de bienes y servicios”.
Este impacto no es inmediato, sino progresivo. “Se va filtrando durante tres a seis meses, como un goteo que va empujando los precios al alza semana a semana”, explica.
En conjunto, el efecto directo e indirecto podría ser significativo: “La inflación anual, que estaba en 2,4%, podría aumentar entre 1 y 1,5 puntos porcentuales adicionales, acercándose al 4% en los próximos meses”.
El riesgo mayor: expectativas desancladas
Sin embargo, el principal riesgo no es solo el aumento puntual de precios. “El problema es el desanclaje de
expectativas: si trabajadores y empresas anticipan más inflación, comienzan a ajustar salarios y precios de manera preventiva, generando una dinámica difícil de frenar”, advierte.
En ese escenario, la inflación podría escalar aún más. “Podría superar fácilmente el 5%, muy por encima de la meta del 3% del Banco Central”, sostiene.
El dilema del Banco Central
Frente a este escenario, el Banco Central enfrenta una decisión compleja. “La herramienta disponible es subir la Tasa de Política Monetaria (TPM), lo que encarece el crédito y enfría la economía”, explica el académico.
Sin embargo, esta medida tiene costos y rezagos. “Funciona como un freno de mano: es efectiva, pero tarda entre 9 y 12 meses en impactar plenamente y puede traducirse en menor crecimiento y mayor desempleo”.
El desafío es calibrar correctamente la respuesta. “Subir poco puede no controlar la inflación, pero subir demasiado podría empujar a la economía hacia una recesión”, afirma. Por eso, la próxima Reunión de Política Monetaria será clave para definir el rumbo económico.
¿Qué pasaría si baja el petróleo?
El escenario podría cambiar si el precio internacional del petróleo retrocede. “Si el barril vuelve a niveles cercanos a los 70 dólares, el MEPCO operaría en sentido inverso y el Banco Central podría evitar nuevas alzas de tasas o incluso revertirlas en el mediano plazo”, explica García.
Sin embargo, el alivio no sería inmediato ni completo. “Existe rigidez a la baja en los precios: lo que sube rápido, baja lento”, advierte.
Esto implica que muchos precios no retrocederán. “El pan, los fletes o los servicios que ya subieron no necesariamente bajarán después, por lo que el costo termina siendo permanente para los consumidores, especialmente para los más vulnerables”.