Bárbara Boggiano y Beatriz Mercado se integran al Comité de Ética de la UAH

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Las académicas de la Facultad de Economía y Negocios de la UAH, Bárbara Boggiano y Beatriz Mercado, fueron incorporadas como nuevas integrantes del Comité de Ética de la UAH, instancia encargada de velar por el respeto, bienestar y derechos de las personas que participan en proyectos de investigación desarrollados en el ámbito de las Ciencias Sociales.

La incorporación de ambas académicas fue aprobada por la Secretaría Regional Ministerial de Salud de la Región Metropolitana, mediante la Resolución Exenta N°17736, y representa un reconocimiento a sus respectivas trayectorias académicas y profesionales, así como una oportunidad para fortalecer la participación de la FEN en una instancia institucional fundamental para el desarrollo de una investigación responsable.

Desde sus inicios, la Universidad Alberto Hurtado ha impulsado la generación de conocimiento científico orientado a contribuir al bienestar de las personas y de la sociedad. En este contexto, el Comité de Ética cumple un papel especialmente relevante en una universidad caracterizada por una importante producción de investigación en ciencias sociales con seres humanos, ámbito que enfrenta desafíos crecientes asociados al uso de información, datos administrativos, nuevas tecnologías e inteligencia artificial.

Una mirada interdisciplinaria para fortalecer la investigación responsable

Para Beatriz Mercado, directora de la carrera de Gestión de Información, Bibliotecología y Archivística (GIBA), incorporarse al Comité implica asumir una responsabilidad que supera ampliamente el cumplimiento de procedimientos administrativos. Desde su experiencia en gestión documental, archivística y sistemas de información, espera contribuir particularmente a los desafíos asociados al tratamiento responsable de información y a la protección de datos sensibles. “Para mí significa, ante todo, asumir una responsabilidad institucional. La investigación con personas supone una responsabilidad que va mucho más allá del cumplimiento de requisitos formales: implica reconocer que quienes participan en una investigación son sujetos de derechos y que su dignidad, autonomía, privacidad y bienestar deben estar presentes durante todo el proceso”.

Su trayectoria profesional le ha permitido trabajar directamente con la tensión existente entre el derecho de acceso a la información y la necesidad de proteger la privacidad de las personas, una experiencia que considera especialmente pertinente para las funciones del Comité. A ello se suma su interés por aportar una perspectiva metodológica capaz de integrar criterios técnicos con una reflexión permanente sobre las consecuencias que puede tener el uso de información en contextos académicos y profesionales. “Mi trayectoria en gestión documental, archivística y sistemas de información me ha llevado a trabajar precisamente en espacios donde es necesario equilibrar el derecho de acceso a la información con la necesidad de proteger a las personas y resguardar información que puede ser sensible. Creo que puedo aportar una mirada que combine el criterio técnico y metodológico con una preocupación permanente por la responsabilidad que implica trabajar con información y con personas”.

Por su parte, Bárbara Boggiano, académica de la FEN UAH, aportará al Comité desde su experiencia como investigadora en microeconometría aplicada, utilizando registros administrativos, encuestas y bases de datos sensibles en diferentes países. Su trayectoria incluye procesos de evaluación ética en Reino Unido, Canadá, Paraguay, Argentina y Chile, especialmente en investigaciones relacionadas con poblaciones vulnerables y políticas públicas. “Para mí es un honor y también una responsabilidad grande. Como investigadora que ha trabajado con datos administrativos sensibles —de salud, de vulnerabilidad social— sé lo importante que es que exista una instancia rigurosa que vele por la protección de las personas que participan, directa o indirectamente, en nuestros estudios. Formar parte de este Comité es una oportunidad de devolver a la universidad parte de esa experiencia”.

Boggiano, quien se incorpora como miembro suplente, espera contribuir con una perspectiva proveniente de la investigación empírica en economía, disciplina que, según explica, no siempre ha ocupado un lugar central en las discusiones sobre ética de la investigación. Su experiencia internacional también permitirá aportar criterios comparados para evaluar estudios que utilizan datos de niños, adultos mayores, personas en situación de calle y otras poblaciones que requieren resguardos particulares. “Mi trabajo como microeconometrista aplicada me ha llevado a usar registros administrativos, encuestas y datos sensibles en distintos países, y a pasar por procesos de aprobación ética en Reino Unido, Canadá, Paraguay, Argentina y ahora Chile. Esa experiencia comparada me permite entender los estándares y desafíos de evaluar proyectos que usan datos de poblaciones vulnerables y que buscan producir evidencia con impacto en política pública”.

Ética, datos e inteligencia artificial: nuevos desafíos para la investigación

Para ambas académicas, uno de los principales desafíos actuales consiste en evitar que la ética de la investigación sea entendida solamente como un requisito administrativo. El crecimiento del uso de grandes bases de datos, registros administrativos, herramientas digitales e inteligencia artificial exige nuevas capacidades institucionales para garantizar la privacidad, la confidencialidad de la información y el respeto por las personas involucradas directa o indirectamente en los estudios.

Mercado advierte que el acelerado desarrollo tecnológico obliga a revisar permanentemente los criterios utilizados para evaluar una investigación, pero también plantea un desafío más profundo relacionado con la propia cultura académica. “Creo que uno de los principales desafíos es que los problemas éticos están evolucionando con mucha rapidez, especialmente debido a la transformación digital y al uso intensivo de datos. Pero también creo que hay un desafío más profundo: evitar que la ética se convierta en un conjunto de formularios o procedimientos administrativos. La dimensión ética tiene que formar parte de la reflexión misma sobre qué investigamos, para qué lo hacemos, con quiénes y cuáles pueden ser las consecuencias de nuestro trabajo”.

Boggiano coincide en que la transformación de las metodologías de investigación plantea nuevas preguntas, especialmente en torno a la utilización de big data, datos administrativos e inteligencia artificial. Entre los desafíos menciona la necesidad de contar con protocolos claros de anonimización, protección de la privacidad y tratamiento de poblaciones vulnerables, junto con mantener procesos de evaluación eficientes sin disminuir los estándares de protección. “Un Comité de Ética es la garantía institucional de que la investigación no solo sea rigurosa metodológicamente, sino que respete la dignidad y los derechos de las personas involucradas. Es un espacio que protege tanto a los participantes de los estudios como a los propios investigadores, y que le da legitimidad al trabajo que hacemos como universidad frente a la comunidad científica y a la sociedad”.

La incorporación de Bárbara Boggiano y Beatriz Mercado al Comité de Ética de la UAH también abre posibilidades para fortalecer estas materias dentro de la Facultad. Ambas esperan que su experiencia pueda contribuir a acercar el trabajo del Comité a académicos, investigadores y estudiantes de la FEN, promoviendo que las consideraciones éticas se incorporen desde las primeras etapas de diseño de los proyectos.

En este sentido, Mercado destaca especialmente la posibilidad de trasladar estos aprendizajes a la formación de los estudiantes, considerando que las distintas disciplinas de la Facultad trabajan de manera habitual con personas, organizaciones, información y datos. “Me gustaría que esta experiencia pudiera retroalimentar la docencia y la formación de nuestros estudiantes. La ética de la investigación no debería ser un contenido aislado de los cursos de metodología, sino una dimensión transversal de la formación universitaria y profesional, absolutamente aplicable a las líneas de investigación de la Facultad”.

Boggiano, en tanto, espera contribuir a generar una relación más cercana entre el Comité y quienes desarrollan investigación desde la FEN, particularmente frente al creciente uso de datos administrativos y estudios empíricos. “Espero poder tender puentes entre el Comité y la Facultad, ayudando a que los investigadores de la FEN —que trabajan cada vez más con datos administrativos, encuestas y estudios que involucran personas— entiendan el proceso de evaluación ética como un aliado y no como un obstáculo, y contribuyendo a instalar buenas prácticas desde el diseño mismo de los proyectos”.

Ambas académicas coinciden además en que participar en una instancia interdisciplinaria permitirá enriquecer sus propios criterios y conocer cómo distintas áreas académicas enfrentan dilemas que muchas veces no tienen respuestas únicas. Para Mercado, esa deliberación constituye precisamente uno de los principales valores del Comité, mientras que Boggiano destaca la oportunidad de aprender de tradiciones provenientes de las ciencias sociales, las humanidades y el ámbito de la salud.

Finalmente, las nuevas integrantes enfatizan que incorporar la ética desde el origen de una investigación fortalece su calidad, rigurosidad y legitimidad, más que constituir una limitación para el desarrollo científico. “Creo que la ética no es una etapa que se agrega al final de una investigación ni un requisito burocrático que hay que cumplir para obtener una autorización. Es parte de la calidad de una buena investigación. Creo que una investigación puede ser metodológicamente impecable y, sin embargo, estar mal planteada desde el punto de vista ético. Por eso, incorporar la ética en nuestro quehacer universitario no limita la investigación, por el contrario, la hace más rigurosa, más responsable y más legítima frente a las personas y frente a la sociedad”, sostiene Mercado.

En la misma línea, Boggiano señala: “Pensar la ética no es un trámite adicional al final del proceso de investigación, sino una parte constitutiva del buen diseño de un estudio, desde el momento en que se define la pregunta de investigación. Invertir tiempo en pensar en las personas detrás de los datos —sus derechos, su privacidad, su bienestar— hace mejor la investigación, no solo más responsable”.

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