Académico e investigador en temas del mundo del Trabajo se incorpora al cuerpo docente de la FEN

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Maurizio Atzeni, doctor en Estudios Industriales y Empresariales, Warwick Business School, de la Universidad de Warwick (Coventry, Reino Unido) y magíster en Estudios del Desarrollo (especialidad en Empleo y Relaciones Laborales) del Institute of Social Studies (La Haya, Países Bajos), se incorporó al plantel de la FEN dictando clases de Pregrado y Magíster aportando su prestigiosa trayectoria internacional. Sobre el sello de la FEN- UAH afirmó: “Me gusta que tenga una vinculación con lo social y que se pueda transferir a los estudiantes una visión crítica. Y, obviamente, una visión crítica, es una visión de lo social”.

¿Cómo observas el futuro del mundo del trabajo? “Con oportunidades y desafíos. Todo está en ver qué tipo de reacción hay de parte de los trabajadores”. Esa es una de las impresiones que comparte en esta entrevista Maurizio Atzeni, doctor en Estudios Industriales y Empresariales, Warwick Business School, de la Universidad de Warwick (Coventry Reino Unido, 2005); magíster en Estudios del Desarrollo (especialidad en Empleo y Relaciones Laborales) del Institute of Social Studies (La Haya, Países Bajos, 1999); magíster en Relaciones Industriales (1998) y licenciado en Derecho (1997), ambos otorgados por la  Universidad de Cagliari (Cagliari, Italia).

Le damos la bienvenida a Maurizio como académico de la FEN, desempeño que conjuga con su rol de investigador que -desde el 2011- desarrolla en el Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL), organismo dependiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina. En la reseña publicada en la web de la FEN se destaca que: “Participa activamente en la organización de los más importantes encuentros académicos del área de estudios laborales, en particular siendo parte del grupo directivo de la International Labour Process Conference y organizando la escuela internacional doctoral de verano LabourTransfer. Es editor jefe del Global Labour Journal y parte del comité editorial de las revistas Work, Employment and Society, Journal of Labor and Society y de Work in the Global Economy”.

Su carrera como estudiante universitario comenzó en la década de los 90, en su ciudad natal, Cagliari, capital de la Isla de Cerdeña, Italia, donde vivió hasta los 25 años. En la Universidad de Cagliari estudió Derecho, sin embargo, no llegó a ejercer pues el perfil de la profesión no se ajustaba a su interés por la cuestión social. Gran parte de su vida académica y profesional la ha desarrollado en Italia, Reino Unido, Países Bajos y Argentina. Goza de doble nacionalidad: ítalo-argentina luego ya de llevar más de diez años viviendo en el país trasandino, donde perfeccionó su español.

Su relación académica con nuestro país comenzó con la Universidad de Chile cuando fue invitado a dictar una Clase Magistral y talleres de investigación sobre temas laborales en el año 2014; luego en el 2018, impartió un curso en el Doctorado de Ciencias Sociales de la UAH. Y desde agosto de este año, forma parte del cuerpo de docentes de la FEN a cargo de las asignaturas de Pregrado: Trabajo y Capitalismo Global”, “Personas y Organizaciones” y de Empleo y Trabajo” en el Magíster en Gestión de Personas en Organizaciones. En uno de sus últimos libros, “Workers and Labor in Global Capitalism” -traducido al chino y español- plantea “la necesidad de volver a la centralidad del Trabajo y salir de la visión fetichista sindical”.

De estos temas y otros, conversamos con Maurizio:

¿Tu pregrado fue Derecho?

Sí, estudié Derecho en la Universidad de Cagliari, en la ciudad capital de la Isla de Cerdeña y ahí empecé a interesarme en los temas laborales. Hice una tesis de grado sobre el Derecho a Huelga en el contexto del derecho la Unión Europea.

¿Qué planteaba tu tesis?

Era un análisis de cómo el Derecho a huelga estaba plasmado dentro de los sistemas legislativos de los diferentes países europeos, porque hay algunos países, por ejemplo, el Reino Unido, donde la huelga no es un derecho, sino más bien una libertad, y no está dentro de una Constitución, como derecho Constitucional; en Italia, sí.

Y a propósito de la Constitución Política de Italia, en el marco del Proceso Constituyente chileno se ha comentado mucho que, en su Preámbulo, establece que la República italiana está fundada en el Trabajo, ¿qué implicaciones ha tenido esto en la práctica?

La Constitución italiana es del año 1948, pero es el reflejo directo de ese momento histórico. En ese momento era necesario rediscutir la relación entre el mundo del Capital y el mundo del Trabajo en términos de mayor garantías y distribución hacia los trabajadores. Por eso, la Constitución pone el Trabajo como elemento central, el cual constituye un acuerdo social a nivel nacional y también era el reflejo de la fuerza política importante del ámbito comunista y socialista y también en parte de la Democracia Cristiana, que era bastante social en ese momento. Así que, ese es un lineamiento de principio que hoy podemos decir que no se está cumpliendo mucho, porque en los setenta y más años de vigencia de la Constitución, el Trabajo se fue transformando, como en todo el mundo, y se fue transformando hacia la precariedad y la informalidad.

Ya más adelante abordaremos estas transformaciones en el mundo del trabajo. Ahora, retomando un poco la historia: ¿te desilusionaste entonces del Derecho?

Me faltaba una dimensión práctica y me faltaba vinculación con lo social; es como que al Derecho le falta una dimensión social. Para mí, sigue siendo una ciencia técnica, literalmente de cómo acusar y defender en el ámbito de un tribunal, entonces me volqué hacia otro estudio. Y en la misma ciudad donde me gradué, funcionaba una Maestría en Relaciones Industriales, en la cual el tema laboral estaba vinculado con diferentes disciplinas; me encantó la propuesta, aprendí mucho. Ahí vino la motivación para seguir más adelante con los mismos estudios en una dimensión más internacional; descubrí que me gustaba la investigación empírica y bueno, eso fue llevándome a hacer el estudio doctoral en un contexto y mercado laboral bastante dinámico como es el del Reino Unido, donde también uno se forma, pero no por puro ejercicio de cultura, sino porque es fácil encontrar trabajo, inclusive viniendo de una perspectiva crítica como la que yo adopto en relación a los estudios que hago.

Precisamente sobre tu visión crítica, durante una clase magistral que dictaste en una Jornada Internacional sobre las «Transformaciones del mundo del Trabajo y acción sindical en América Latina», en la que al plantear repensar “el concepto de Trabajo y la resistencia de los trabajadores en el Siglo XXI”, dijiste: “Se ha producido una fetichización de la forma sindical, como la única forma, el único instrumento que los trabajadores tienen para poder defenderse”.

Cuando hablo de “fetichismo” de la forma sindical, no es que estoy criticando al sindicato como organización de los trabajadores. Es muy probable que los trabajadores, en cuanto a personas que venden su fuerza de trabajo en un mercado, necesiten un sindicato como forma de representarlos y como forma de organizarlos colectivamente, desde el punto de vista institucional y en cuanto organización que representa intereses de clase. Cuando los trabajadores se juntan y resisten contra determinadas decisiones tomadas por los capitalistas, están uniendo sus intereses en cuanto clase, en cuanto grupo diferente al capital que lo comanda.

Mi crítica es en función del rol que se ha dado al sindicato como institución fundamental dentro de los estudios y dentro de la opinión pública. Mi crítica es hacia el mundo de los que estudian el mundo del Trabajo. Es una invitación a cambiar métodos. No podemos empezar y terminar con la organización sindical en sí misma. Tenemos que pensar a la organización colectiva más allá de la forma sindical, porque los trabajadores se siguen organizando colectivamente, pero de otra forma o de manera tal que no vemos, pero si seguimos haciendo investigación hablando de sindicatos, nunca lo vamos a poder descubrir y, al fin y al cabo, son los trabajadores que a futuro necesitan más representación.

El mercado laboral ha cambiado, la tecnología ha avanzado y ha cambiado el trabajo. La organización sindical, como institución y como la hemos venido conociendo, no tiene la misma atracción que tenía después de la Segunda Guerra Mundial. No representa ya los intereses de la gran mayoría de los trabajadores, que son informales, precarios, que viven con poco, que están divididos, fragmentados. Se necesitan organizaciones nuevas o una reorganización de la organización sindical u organizaciones que tienen como objetivo de juntar fuerzas a nivel territorial, a nivel sectorial empoderar a los trabajadores, a pensar su organización, su representatividad, más allá de una fábrica o una empresa.

Antes de que existieran los sindicatos, yendo atrás, en lo que era Reino Unido de las primeras industrias, los sindicatos no existían. Existían las cooperativas, las asociaciones mutuales, existía una identidad de clase que se iba transformando en los barrios, en los territorios; los sindicatos vienen después, cuando se hace masiva la industrialización y empieza la transformación del obrero industrial. Ahí entonces emergen como negociadores de la fuerza de trabajo. Entonces fueron pasajes sucesivos a nivel histórico para después ir formando partidos políticos de izquierda que representaban esos intereses que hasta el día de hoy siguen existiendo. Entonces, el capitalismo ha transformado una vez más el plan de acción, volviendo a introducir políticas del trabajo precario a nivel mundial, hoy necesitamos instrumentos de investigación que puedan ir más adentro y puedan poner al descubierto lo que es más invisible.

¿Cuál sería el camino?

No es que haya una forma ideal, sino que hay unos pasajes necesarios. Para llegar a tener una forma organizada, estable, de sindicatos que tengan un poder legal, real de cambiar las cosas a nombre de los trabajadores que representan, hay que dar ciertos pasos: primero mutualismo, asociativismo, antes de ser institución u organización establecida. Hoy, lo que vemos es que los trabajadores en muchos ámbitos de la precariedad se organizan por su cuenta, de forma auto organizada actúan en contra del empleador, se organizan a través de formas de ayuda mutua, a través de formas de acción colectiva, obviamente no legal, porque no lo hacen dentro de un contexto formal, entonces todos esos movimientos que se están dando constantemente, que siempre se han dado en la historia de la Clase Obrera, son fundamentales para demostrar que hay una llama encendida. Y eso es lo que ha sido el gran problema de los estudios que venían de la tradición sindical durante los años 90 y 2000, entonces bueno, decir: no hay conflicto, los sindicatos son cada vez menos importantes, menos afiliados, es un mapa muy deprimente. Lo que yo digo es al revés: hay un activismo difundido, constante, desarticulado, individualizado, pero necesitamos ponerlo en evidencia para poder dar instrumentos de análisis y acción también.

La tasa de sindicalización a nivel mundial se ha reducido, ¿no es entonces un dato desesperanzador para la resistencia de las y los trabajadores del Siglo XXI?

Depende, obviamente, del país. Los países del norte de Europa, de Escandinavia, hoy en día tienen cerca del 70 %; Reino Unido tuvo tasas muy altas y ahora creo que está alrededor del 20%. También la tasa de afiliación y sindicalización no necesariamente corresponde a la capacidad de movilización. En Francia, históricamente, hubo tasa de afiliación baja, pero alta capacidad de movilización; también otra cuestión tiene que ver con la vinculación de los sindicatos a partidos políticos existentes. En Argentina los sindicatos siempre han sido vinculados con el Peronismo, entonces frente a un Gobierno que no es peronista, los sindicatos son mucho más activos y movilizados, si lo comparamos con un contexto en el cual al revés tienen que demostrar lealtad al Peronismo.

Esa relación sindicato – partido político, ¿ha sido virtuosa?

Sí, ha sido virtuosa en determinados momentos históricos. De hecho, ha permitido a los trabajadores, que antes eran representados solo en cuanto fuerza de trabajo – en un contexto de mercado laboral- a ser representados a nivel de clase en la sociedad; eso ha sido el aspecto más importante de la politización de la clase obrera. Así que una vez más, depende del contexto histórico, depende del tipo de perspectiva que se adopte. El reformismo de la segunda post guerra ha producido mucho para los trabajadores, pero desafortunadamente ha sido un reformismo de centroizquierda el que ha introducido los grandes cambios recientes en el mundo del trabajo, cambios promovidos por gobiernos supuestamente progresistas, pero fundamentalmente con una matriz económico política de derecha. ¡Yo a ese progresismo le tengo miedo! El progresismo para mostrarse como responsable de la gobernabilidad, se mueve hacia el centro y ese movimiento hacia el centro comporta compromisos a la baja para los trabajadores.

Como se ha señalado, el mundo del trabajo vive transformaciones sustantivas empujadas por factores como las tecnologías 4.0, ¿son cambios negativos?

Claramente, son cambios negativos para el mundo del Trabajo, porque obviamente estas tecnologías permiten, por ejemplo, en el caso de las plataformas (digitales) que vendan la idea de que los trabajadores son micro emprendedores, independientes, que no están trabajando en una relación de dependencia. Eso, obviamente, es mentira. Es mentira en los hechos, porque los trabajadores sí dependen todo el tiempo de esa aplicación y de esa empresa que provee la aplicación, y obviamente, permite bajar los niveles salariales, bajar los niveles de seguridad en el trabajo, hacer más explotador el trabajo y entonces en ese sentido no son positivos. Por otros aspectos, sí. Muchas veces digo, hoy tendríamos los instrumentos para hacer una planificación económica, que cuando existía la Unión Soviética, en los países del comunismo real, llevaba años y libros enteros para hacer la planificación quinquenal que se hacía en esos tipos de Economía. Hoy tenemos la posibilidad de hacer el “match” entre oferta y demanda de una forma mucho más directa, simplemente utilizando estas aplicaciones que ya son de uso difundido, son fáciles de pensar y de programar.

¿Cómo ves entonces el futuro del trabajo?

Se ve con oportunidades y desafíos. Todo está en ver qué tipo de reacción hay de parte de los trabajadores. Lo que vimos en las plataformas a nivel mundial es la presencia de resistencia. Y eso, es un dato positivo.

¿A qué te refieres con resistencia?

A lo que decía un poco antes. Tal vez no sea el sindicato el que está haciendo un paro, porque, ¿cómo se hace un paro a una aplicación de plataforma? O sea, hay muchos códigos del sistema anterior que empiezan a no funcionar, mas hoy en día o necesitan ser recalificados, repensados. Entonces, resistencia puede ser una micro resistencia, individual, no sé, un pequeño grupo de WhatsApp entre compañeros de trabajo que empiezan a establecer vínculos de solidaridad, de asociación, de mutualismo; de ahí en adelante hasta lograr organizarse de forma estable, tener como una institución, con nombre y apellido, que pueda disputar en términos legales y sentarse en la misma mesa del capital, para negociar mejores condiciones laborales.

Precisamente, tú trabajaste con Francisca Gutiérrez, ex académica de la FEN, en el proyecto Fondecyt Regular 2021: “El proceso de trabajo en la «economía gig»: el caso de las plataformas de reparto en Chile y Argentina”, ¿tienen ya conclusiones?

Concretamente, lo que pudimos ver fue un montón de formas de resistencia diferenciada, desde micro resistencia hasta formas más organizadas, pre sindical o para sindical, un abanico de formas de resistencia. Nosotros seguimos la lógica del proceso de trabajo, donde se crea la solidaridad entre los trabajadores, porque es ahí, esa experiencia es la que permite verse como trabajadores explotados, como sujetos que juntándose pueden lograr mejoras. Entonces, como que hay diferentes regímenes laborales, sistemas legislativos, que permiten, más o menos, determinadas formas de organización. En Argentina hay una historia de organización de los trabajadores y una historia sindical de reivindicación, de transformación en pedidos callejeros histórica, entonces ahí es donde más fuerte se han visto los casos de movilización, hasta llegar a un paro de trabajadores de repartidores de plataforma. En Chile menos, por sus propias características. Hubo diferentes tentativas de regular ese sector en Argentina, pero no está totalmente regulado, y bueno, una vez más, la regulación no cae del cielo; es lograda por la lucha, entonces creo que tienen que luchar más fuerte. En otros países se ha logrado regularizar bastante.

Tu currículum también es prolífero en publicaciones

Unas 30 publicaciones más o menos, sobre conflicto laboral, procesos de trabajo, organización sindical. He publicado 4 libros, uno ha sido traducido al chino y español, Trabajo y Trabajadores en el capitalismo global” (Workers and Labor in Global Capitalism”).

¿Por qué se tradujo al chino?

Porque ahí tienen una política de traducción al chino de textos importantes en el ámbito de los estudios laborales. Y el mío ha sido elegido como tal. No es un libro todo mío, sino que soy el editor del libro, escribo la introducción y un capítulo y después hay capítulos de otros autores.

¿Qué plantea el libro?

Un poco esa necesidad de volver a la centralidad del Trabajo, también salir de la visión fetichista sindical, pensar también en la organización colectiva de otra manera, pensar hacia otro sistema económico alternativo como, por ejemplo, la autogestión de los trabajadores. Un poco lo que decía antes, la cooperativa, los emprendimientos autogestionados.

Y entrando ya de lleno en las asignaturas de pregrado que impartirás, ¿de qué trata “El Trabajo y el Capitalismo Global?, ¿qué aprenderán los estudiantes?

Trata justamente de vincular cambios a nivel del Trabajo en el mundo con cambios y dinámica propia del capitalismo. Es un curso que estamos haciendo utilizando un texto muy conocido de un geógrafo marxista, David Harvey, que se llama “Las 17 contradicciones del Capitalismo” que justamente trata de poner en evidencia dónde el capitalismo produce tensión por sí mismo, entonces dónde poder intervenir, eventualmente, con una alternativa a ese sistema.

¿Y la asignatura Personas y Organizaciones?

Este es un curso más tradicional de los estudios de Ingeniería Comercial. Es un estudio sobre comportamiento organizacional al cual le estamos agregando una mirada menos managerial y más desde las ciencias sociales, fundamentalmente.

¿Le darás una nueva mirada?

De alguna forma creo que se puede ir dando una nueva mirada. Por ejemplo, diciendo que no solo existen las organizaciones capitalistas; existen las cooperativas que potencialmente tienen un núcleo que podría ir hacia otro tipo de sistema y que tienen una forma de gobierno interno que es totalmente opuesto al gobierno interno de la típica empresa capitalista: hay más democracia, más participación, hay menos liderazgo, hay más colectivismo, decisiones tomadas en forma colectiva. Eso, por ejemplo. Una nueva mirada en relación con qué es lo que, efectivamente, constituye el poder en torno a la organización, porque las organizaciones están estructuradas de una determinada manera, porque hay control adentro de las organizaciones, porque hay autoritarismo y no democracia. Así, hay un montón de posibles ejes.

Y en el magíster, ¿de qué trata el curso “Empleo y Trabajo”?

Ahí, estamos haciendo un trabajo parecido al curso electivo sobre Trabajo y Capitalismo Global, pero más reducido porque son menos encuentros y también es un público diferente, porque muchos son trabajadores y trabajadoras.

¿Te identificas con el Sello FEN-UAH?

Me gusta que tenga una vinculación con lo social y que se pueda transferir a los estudiantes una visión crítica. Y, obviamente, una visión crítica, es una visión de lo social, de decir: esta realidad social en la cual vivimos tiene su parte negativa y lo tenemos que decir. Eso me parece muy bueno. Y también, no obstante, sea una institución que tiene su origen y tradición en lo religioso, es muy pluralista. De hecho, no soy para nada religioso y estoy acá; me parece también una realidad nueva. Es una institución en crecimiento, entonces todo esto son elementos positivos para poder pensar en algo nuevo, diferente, para poder contar en términos de aporte, de experiencia que uno puede traer consigo.

En Economía y Gestión normalmente hay una dimensión muy enraizada en la Economía y Gestión Capitalista. Esto es claro, y los estudiantes reciben ese tipo de información de cómo funciona una economía capitalista, pero no están acostumbrados a entender cuándo y por qué no funciona esa economía, en particular las crisis no es algo que los economistas saben manejar.

De hecho, un estudiante de Economía me dijo: me está sirviendo mucho el curso, porque veo la misma temática de otra perspectiva. Entonces creo que, si la Facultad tiene que repensar su sello en términos críticos, más a lo social, hay que agregarle algo a esa Facultad de Economía y Negocios que se refiera a lo social. Podría ser la Facultad de Economía, Negocios y Trabajo.

¿Y cómo definirías tu aporte a la Facultad?

Supongo que mi aporte puede ser, justamente, fortalecer el área de Relaciones Laborales que, en este momento estamos en una situación de recambio. Me parece que a ese fortalecimiento puedo contribuir en particular a través de las redes que tengo a nivel internacional, creo que también podría ser un aporte importante.

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